A
través de los condicionamientos de los miedos, aceptamos formas de pensar para
auto protegernos.
¿De
qué?
Del
dolor, del daño, del sufrimiento, del desamor, de la muerte…
¿para qué?
A
menudo el ‘ego’ necesita seguridad, para procurar su pervivencia, batalla que
tiene asegurada que va a perder.
Todo
son convenciones mentales, ‘las creencias’.
Y no
sólo son creencias lo que relacionamos con las religiones.
Antes
del despertar, a menudo, en la vida, funcionamos por patrones aceptados
consciente o inconscientemente.
Los
primeros, delante de un trabajo de observación, podemos detectarlos y,
trabajando la observación, llegar a anular su filtraje.
Los
inconscientes requieren un trabajo más profundo pues, no son visibles a simple
vista solo por medio de la observación simple. A menudo los identificamos como
patrones repetitivos, aunque algunos son tan sumamente singulares, que como
solo se manifiestan en condiciones muy concretas, serán identificables si el
trabajo de atención se perpetua con constancia a lo largo de cada acto y
pensamiento, así como de los movimientos emocionales que evolucionen en cada
situación a lo largo de la vida diaria.
Los
valores que se le atribuyen a las técnicas, por ejemplo de sanación, son de la
similitud como los mudras en yoga, kinesiología, el reiki, péndulo, etc. Son
convenciones mentales. Dibujos o formas a las que se les atribuyen un ‘poder’.
Sabemos
que el único poder atribuible es el mental.
‘Lo que creo, creo’.
Y es
cierto que, las energías que he convenido mentalmente a un símbolo forma o
posición, van a movilizarse, porque así lo he convenido y creo.
‘La fe mueve montañas’.
No digo
que no sean ciertas las virtudes de todos los simbolismos.
Me refiero
más bien a que, necesitamos de ese poder de convicción para creer, y fortalecer
así nuestro ego, y con ello nuestra seguridad, dado que, en cada convención, al
ejecutarla, se promueve una acción, haciéndonos sentir seguros y con
herramientas activas delante de un paciente, atribuyéndonos y creyendo que,
somos nosotros con nuestro ‘poder’ quienes procuramos movimientos de sanación,
o que somos nosotros que, con nuestro don y gracia los procuramos y/o a través
nuestro.
No
lejos de la realidad, con el tiempo veremos condicionadas nuestras formas de
proceder i nuestra vida, a rituales sin los cuales, ni nos sentiremos
protegidos y seguros, ni nos funcionará la terapia, con ciertas repercusiones
hacia un@ mism@.
Es ahí
cuando el Universo nos confronta a nuestra realidad más intima, dado que se ven
expuestas al entredicho los resultados obtenidos o, no obtenidos.
A
partir de ahí es cuando viéndose rotas nuestras convenciones, y por los suelos
nuestro orgullo, nos adentramos hacia el interior, y la perspectiva cambia, a
través de descubrirse más allá de toda ‘técnica’, con los talentos y virtudes
innatos al Ser que soy, y descubro entonces que somos todos…
Personalmente,
contadas terapias me han hecho sentir algo en el desarrollo de las mismas o en
los días posteriores a su ejecución o recibimiento, y menos aún, son contadas
las que me han comportado cambios reales e inmediatos en algún aspecto de mi
cuerpo o consciencia.
¿Dónde
estoy yo?
¿En qué
estado de consciencia, del Yo, me encuentro?...más allá del yo personal.
¿Estoy
abierto al descubrimiento, a un cambio real, profundo, que me lleve a darme
cuenta, a saber, saberme, a vivir la consciencia UN-A?
Realmente
siempre he pensado que estamos en un proceso constante de conscienciación.
Al
igual que las etapas que vamos asumiendo, por las que vamos pasando a lo largo
de nuestro crecimiento, en esta existencia de vida, las cuales comportan
valores completamente distintos en cada una de ellas, hasta el punto de
desestimar la anterior, no dando el valor oportuno con los aportes
proporcionados para adentrarse en la siguiente, como trampolín a esa nueva
etapa, así mismo vamos alcanzando nuevas vivencias y visiones a través de la
experienciación consciente y constante. Ir experienciando nuevas etapas que
vamos descubriendo, y que a menudo nos anclan pensando que son la panacea,
atribuyéndoles toda la verdad en cada momento, hasta descubrir otra…
La
verdad es una, y no es una. Todo es ‘La Verdad’. Pero no todo sirve dependiendo
el momento en el que nos encontremos en el camino.
A veces
me pareciera percibir como que toda mi experiencia de vida gira entorno a una
confabulación del Universo para que haga mi trabajo de consciencia. Como si no
existiera ninguna otra razón que esta.
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